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Menos contacto y más desconfianza: así cambió el amor con la pandemia

El confinamiento por el Covid-19 ha sido el evento que más ha alterado las relaciones afectivas; los científicos estudian lo que ha pasado y proponen opciones para continuar

By colectivo , in ciencia-y-salud , at febrero 14, 2022

Los rituales más reconocibles para establecer lazos de confianza, como un apretón de manos, un abrazo o un beso en la mejilla, desaparecieron tras las medidas de distancia social que aún se mantienen. El desconcierto es visible. Ante el encuentro con viejos o nuevos amigos, los gestos se muestran dubitativos. Un puño tambaleante busca chocar con otro en señal de saludo; sin embargo, la otra persona rehuye rápidamente del contacto y estira la mano hacia arriba con un leve movimiento, como una señal que aspira a ser una bienvenida, pero acaba siendo todo lo contrario. El gesto de la mano extendida recuerda más una señal de alto que un saludo fraterno.

La pandemia no solo cambió los gestos básicos para transmitir afinidad, respeto o empatía; sino que transformó las normas de interacción, mecanismos clave con los que los seres humanos se comunican y conviven. Numerosos estudios sociales en todo el mundo hablan precisamente sobre los cambios en las dinámicas sociales después de dos años con el SARS-CoV-2 entrando y saliendo de nuestras vidas. Las investigaciones indagan en diferentes niveles de las relaciones humanas, desde los nuevos códigos de las relaciones amistosas hasta el impacto de la pandemia en las expresiones eróticas.

Muchos de los hallazgos confirman que el aumento de estrés desatado por la pandemia tuvo un impacto directo en los vínculos afectivos y el bienestar individual. Recientemente, se publicaron en el Journal of Social and Personal Relationships, una revista académica revisada por pares que cubre investigaciones sociales, las conclusiones del estudio Relaciones en tiempos de Covid-19: Examinando los efectos de la pandemia global en las relaciones personales”. La investigación reúne 29 artículos de investigación en 28 países que abarcan todos los continentes, excepto la Antártida. Los especialistas subrayan algunos temas que informan no solo sobre cómo la pandemia global afectó las relaciones personales, sino que también buscan brindar información sobre cómo futuras pandemias u otras crisis a gran escala pueden afectar las relaciones humanas.

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La importancia de este compendio son las coincidencias que se muestran en varios estudios y que conectan diferentes grupos poblacionales y geografías, tal es el caso de los cambios en la percepción de los otros a raíz de su visión sobre la pandemia. La incomodidad e incertidumbre para estrechar nuevamente lazos tiene mucho que ver con los choques de pensamiento que descubrió la pandemia, como la tolerancia al riesgo o la opinión sobre las vacunas.

Se observa una tendencia a interpretar de forma diferente a los demás, pero también a estigmatizar. Todo esto desencadena conflictos y enfrentamientos que van más allá del espacio social hasta instalarse en el espacio íntimo. En algunos de los estudios, el distanciamiento social disminuyó los satisfactores relacionados con la amistad, lo que también influyó en una apatía por recuperar los lazos extraviados, incluso después de haber pasado los momentos más críticos de la pandemia.

Las observaciones presentadas en este compendio coinciden con otros estudios, como el de la Universidad de Glasgow, llamado Covid-19 pandemia y su impacto emocional en las relaciones humanas”. Esta investigación también subraya el papel de los altos niveles de estrés recibidos cotidianamente durante las fases agudas de la pandemia que pueden conducir a que el aislamiento social prevalezca más allá de una protección contra el contagio, sobre todo en los grupos que encontraron más comodidad en el encierro.

El estudio acota que esto no necesariamente significa que todas las personas hayan decidido que la vida sin amigos es más sencilla. A pesar de las tensiones, muchas personas están ansiosas de ver amigos y sociabilizar, aunque las estrategias para llegar a conectar nuevamente con los otros podrían haberse vuelto más complejas en algunos aspectos. Los nuevos niveles de ansiedad generados por la pandemia, dificultarán retomar las expresiones físicas de afecto previas a la pandemia, pero se espera que surjan nuevos códigos de entendimiento que superen el miedo desatado por el virus.

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Varios estudios demostraron que no solo los científicos sociales analizaron las relaciones personales durante la pandemia, sino que la población en general también se sintió alentada a reflexionar y reformular aspectos de sus relaciones. Algunas investigaciones encontraron que las personas solteras con mayores preocupaciones sobre el virus, se volvieron más selectivas en sus preferencias de pareja, incluido un aumento percibido en la importancia del compromiso y la estabilidad familiar.

A través de nuevos rituales de convivencia, las parejas con menos factores de estrés económico pudieron cultivar condiciones de bienestar como una oportunidad de crecimiento durante la pandemia.

Por otra parte, factores estresantes relacionados con el Covid-19, como la ansiedad financiera, mayores responsabilidades domésticas con la presencia constante de los hijos y otros familiares al interior de los espacios de convivencia, se asociaron con relaciones de violencia física y verbal. Las reglas de confinamiento y la sensación de mayor vulnerabilidad ante un virus desconocido, actuaron como un catalizador en decisiones rotundas sobre los acuerdos de convivencia con una pareja, como mantenerse juntos o no verse nunca más.

El estudio de la Universidad de Glasgow acota que la pandemia también condujo a cambios en las prácticas y normas en torno a la construcción y el mantenimiento de relaciones sexuales, ya que las personas se adaptaron y buscaron formas alternativas de mantener la intimidad sexual.

En las relaciones de no cohabitación aumentó el consumo de pornografía y contactos digitales, pero las interacciones en línea son cualitativamente diferentes a las personales y no brindan las mismas oportunidades para la intimidad física, así que en los momentos en que las olas pandémicas empezaron a bajar en las diferentes latitudes, se incrementó la búsqueda de la intimidad persona a persona.

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Un estudio sobre el impacto de la pandemia, presentado hace un año por especialistas del Departamento de Estudios de la Comunicación Social del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, coincidía justamente en las grandes limitaciones de las herramientas tecnológicas para suplir la ausencia de la corporalidad. El ensayo puntualizaba que la relación y la comunicación a través de medios digitales no han sido suficientes para paliar la desazón afectiva y sexual de las parejas que no han podido reunirse como quisieran.

Otros de los estudios concentrados en Journal of Social and Personal Relationships, puntualizaban que uno de los retos post pandemia sería enfrentarse a la realidad después de la idealización de muchos de los encuentros realizados en línea.

Las investigaciones coinciden que la interacción en línea brindó nuevas oportunidades para satisfacer las necesidades de diversos grupos de personas, no solo a nivel laboral o académico, sino social e íntimo, así que el equilibrio inteligente en el uso de estas herramientas puede mantenerse como una oportunidad para seguir desarrollándose a futuro, sin que la esfera virtual trate de absorber todas las posibilidades de los encuentros físicos. Los ensayos puntualizan que uno de los restos principales para reestablecer las conexiones con los otros, es superar la mentalidad desconfiada y el temor ante los demás, pues esto bloquea los circuitos afectivos y la empatía, y vuelve más complejos los niveles de comunicación.

La salud mental se nutre en gran medida de los afectos y la confianza, por lo que después de la fractura vivida durante la pandemia no solo se necesitará recuperar el apretón de manos como un poderoso símbolo de confianza e igualdad, sino volver a lograr comprensión mutua respecto a las circunstancias particulares para restablecer relaciones humanas que salvaguarden también los mecanismos de interacción de las generaciones futuras.

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